Es una vía para jóvenes

Nos encontramos de manera casual, como dos viejos amigos que cruzan sus vidas tras más de diez años en el exilio. Desde fuera Noa se veía imperiosa, tanto que a cada una de mis miradas le sobrevenía la misma sensación de ser alguien diminuto, como un cirro colgado en la inmensidad del cielo, entre sus más de cincuenta metros. Una vez dentro, y con cada paso arrebatado a la gravedad, ya no había ocasión para los subterfugios ni para las dudas; porque mi pecho estaba herido de muerte por el magnetismo de su línea. Continuar leyendo