SIN ANIMO DE OFENDER

“Sin ánimo de ofender”

En la escalada el cerebro es el músculo más importante, sostenía Wolfgang Gullich; una aseveración que, lejos de ese arte, hay que tener presente en  el mundo adulterado en el que vivimos día a día.

Desde que apareció mi primera entrada en este blog han pasado más de seis años; por el camino, de forma anárquica, algo confusa y muy de tiempo en tiempo he desgranado todo tipo de historias, visiones y locuras que he experimentado en las carnes de las montañas; a cada cual más estrambótica, singular y en ciertas ocasiones lunática, pero todas con el denominador común de poner ojos y letras a lo que acontecía a mi alrededor -e incluso a mí mismo-, y  aderezado por unas dosis de  sarcasmo, ironía y franqueza; alguna vez leí de la boca de Sol Stein que la verdad no te hace libre, sólo impopular, pero creo que la verdad es lo único que nos hace humanos en un mundo hundido por la hipocresía y dirigido por el fariseísmo, por eso siempre me acojo a ella. Durante todo este tiempo, en ningún momento y en ninguno de mis post, he pretendido herir u ofender a nadie, es sumamente improbable cuando uno tiene por objetivo reírse de sus propios errores, pero también es cierto que sin haber compartido un café y un cigarro es complicado traducir el desorden de mis propias enajenaciones. Por ello, porque las disculpas son gratuitas y porque ennoblecen al portador, me veo en la obligación moral de disculparme ante todos aquellos que se hayan sentido afrentados o agraviados por alguno de esos post; con total sinceridad, siempre se han hecho sin ánimo de ofender a nadie.

Puede que tras algo más de un lustro, después de escalar una montaña muy alta haya descubierto otras muchas montañas por escalar, como decía el incombustible Nelson Mandela, no lo sé , ¿quién lo sabe?, mientras tanto emplazo a todos los lectores que han logrado recrearse con mis post, y por supuesto también a los que no, a disfrutar de la anatomía de cada cresta, de los respiros que dan los valles y cielos estrellados, de las paredes que se presenten como imposibles, de cada sendero, de cada corredor que se presenta como desafío, de los horizontes al atardecer y al amanecer, de cada golpe dado a una cascada de hielo, de cada instante donde el desnivel hace mella en las piernas y en definitiva de cada sueño, deseo y actividad que se esconde en este paraíso llamado montaña a la que todos adoramos como una magna deidad. Eso sí, no olvidéis, como decía Ron Fawcett que el mejor entrenamiento consiste en ir al pub, beber cinco cuartos de cerveza y hablar de escalada; obviamente yo estaré en el pub.

 

 

Para todos, sin ánimo de ofender, salud y buenas escaladas.

 

EL ALEVOSO DEL 6A

 

 

Ser un alevoso del 6a no es nada fácil, es cierto que pronto puede afianzarse en el V+ -permitiendo que su adrenalina corra desbocada por sus venas al hacerlo de primero- pero el imponente cambio físico que supone el siguiente grado le impide tachar todos sus proyectos. De ahí que frecuentemente tenga que lidiar entre el querer, el poder, la realidad y su propia frustración; y su único refugio sea el de acudir a las deidades del mundo de la escalada, mediante su particular biblia youtube, para volver a armarse de ilusiones y autoconvencerse antes de acometer un nuevo intento; si lo hacen otros no hay razón para que un alevoso del 6a no pueda conseguirlo, suele decirse a sí mismo.

 

Entre las múltiples razones achacables al estancamiento del alevoso del 6a (recordemos que existen alevosos con estancamientos de grados muy variopintos) es la presión mediática que genera; sus logros y pasos generan tanta expectación que, a veces, como ellos mismo suelen explicar, pesa como una decena de sacos de cemento atados a sus pies de gato. No hay que olvidar que un alevoso vive en el cheap generic cialis alambre del éxito y el fracaso con cada tentativa, ya sea en top rope o a lo loco, y que solo un paso morfo o la poca confianza que le ha generado el segurador en el paso clave, es capaz de romper todos sus sueños.

 

Si bien es cierto, hay que comentar que detrás de cada alevoso del 6a hay una historia diferente y manías desiguales (aunque algunos puedan engrosar todas las chifladuras y desequilibrios por igual), pero de manera generalizada suelen utilizar gritos sharmaticos (a pesar de que no sean necesarios), llevan cepillos para limpiar las vías pero nunca los utilizan, visten las mejores prendas y utilizan el mejor material del mercado, suelen alardear al rodearse de desconocidos de ser capaces de abrir 6b (aunque no sepan lo que es) o alardean de tener un amplio abanico de conocimientos en el mundo de la escalada cuando se rodean de neófitos.

 

Si se encuentra con un alevoso del 6a, por favor dele una palmadita en la espalda y otórguele la bola que se merece (escasa o nula). Hasta entonces salud y buenas escaladas.

 

Trastornos estrámboticos ( 2ª parte )

La esquizofrenia es un desorden cerebral que deteriora el pensamiento, las emociones y la voluntad; alejándolos de la realidad y acercándolos a un mundo de delirios, alucinaciones y pensamientos anormales. Esta grave enfermedad no sólo es un mal endémico dentro del mundo de la escalada, sino que sus brotes esquizos únicamente son superados por John McEnroe con su raqueta de tenis y los desvaríos fanáticos de las tribus futboleras. Dentro del amplío abanico de rarezas, singularidades y comportamientos que acaecen a píe de vía, a continuación citaremos los más relevantes – no por ello los únicos-:

 

·         Escépticos: se sienten más seguros abordando la primera presa con la mano y el pie derecho – a modo chiquilicuatre-, los más devotos se santiguan antes de empezar y los más exigentes pueden llevar una estampita escondida en sus bolsillos. Dentro de este grupo también se encuentran los escépticos express; repletan su arnés de cintas como si no fuesen a encontrar ninguna durante años o, al menos, lo cargan con un número par.

 

·         Adictos al polvo blanco: sólo usan un tipo de magnesio, el resto les parece demasiado parecido a una bolsa de harina para rebozar pescado.  El tamaño para ellos sí importa, cuánto más grande más metros, aunque de manera inversa haya quienes piensen que ha de ser más pequeña – como si dos gramos arriba o abajo supusiera cargar con un gigante en sus riñones-.

 

·         Rutinarios: también conocidos como los dos y dos son cuatro. Son seres prácticamente autómatas, realizan siempre el mismo calentamiento, la misma vía y los mismos movimientos, cuando alguno de esos parámetros falla evolucionan hasta el estado Dr. Jekyll; la epopeyosis se descontrola en sus antebrazos y sus enajenaciones mentales dejan de ser transitorias para convertirse en permanentes.

 

·         Macrobioticos, no estrictos: se someten a dietas claves para encadenar, a restricciones alimenticias para lograr el éxito y a toda clase de consejos nutricionales para mejorar, son los amigos del plátano y el sésamo,  pero en momentos de flaqueza no dudan en abandonar el sirope de savia para zamparse una docena de bollos hacendado.

 

·         Bipolares del encadenamiento: su carácter es una moneda lanzada al aire, si encadena es cara, si cae a plomo es cruz. Dependiendo de esa condición pueden ser los herederos directos del catastrofismo -con amenazas que hablan incluso del abandono de la disciplina- o, por el contrario, se convierten en el amigo borracho de las cuatro de la mañana que va cargado de felicidad.

Salud y buenas escaladas

Trastornos estrambóticos

A día de hoy, y con visible ánimo de no detenerse aquí, el mundo de la escalada aglutina un  número elevado de trastornos relacionados con ella: estrambóticos, esquizofrénicos, psicóticos, paranoicos, ansiosos, depresivos y de personalidad. Con el fin de ampliar nuestro conocimiento y prevenir nuestra salud -dado que la exposición a la roca puede hacernos sufrir alguno de estos desequilibrios- hoy vamos a estudiar el primero de ellos. Los trastornos estrambóticos. Seguir leyendo Trastornos estrambóticos…

El grado placebo o la alegría de los bobos

Desde que seguía aquel tratamiento su mejora había sido meteórica. Lejos quedaban los tiempos donde un 7c+ era más temible que un molino de viento para Don Quijote. Por fin había roto la barrera del 8a, por fin la vías no quemaban en sus dedos ni la sensación amarga corría en su paladar con cada intento fallido.

No te das cuenta que es algo ilusorio, que tu organismo está igual de decrepito que hace un par de semanas – intentaban explicarle sus amigos más allegados al vanagloriarse de sus logros. Seguir leyendo El grado placebo o la alegría de los bobos…

EL SUBESTIMADOR DE RUTAS…

Según la RAE subestimar significa estimar a alguien o algo por debajo de su valor real, y, por añadido, un subestimador de rutas es la persona que subestima una vía o un bloque on sight, es decir, siempre desde el suelo y con un simple vistazo.

Se trata de un síndrome altamente adictivo -adivinado ya en los anales de la escalada- que afecta a miles de personas a nivel mundial y cuenta con unos signos tan aparentes como característicos. Los motivos para la aparición de este fenómeno continúan siendo desconocidos hoy por hoy, aunque muchos estudiosos se decantan por los factores psicológicos y sociales como principales responsables. Algunos de los síntomas que acompañan a esta enfermedad son:

- Daño o deterioro de la calidad de vida debido a las consecuencias negativas de esta conducta como: vuelos sin control, rotura de haces musculares, tendones, poleas o ligamentos al intentar realizar una ruta subestimada.

- Pérdida del control por la práctica compulsiva de la conducta adictiva. El subestimador de rutas discute desde el suelo la dificultad hasta derrotar a la otra parte implicada, estas disputas racionalmente incoherentes pueden extenderse durante horas.

 

- Negación o autoengaño a la hora de percibir la relación entre la conducta adictiva y la realidad . En este caso el subestimador de rutas prueba la ruta, cuestión que hará florecer nuevos comportamientos como: multitud de gritos desgarradores carentes de lógica,  injurias y ofensas hacia los dioses de todas las religiones y atribución externa de los hechos, también conocida como excusa rastrera o del manual del Moñas (bájame que me aprietan los pies de gato, ayer entrené demasiado, los agarres están húmedos, me estoy cagando, tengo magnesio en la lentilla,  la última cerveza de anoche me ha matado, me ha dejado la novia y no estoy en lo que tengo que estar).

- Uso a pesar del daño, lo cual se manifiesta con la práctica continuada de la conducta adictiva. Sus delirios de grandeza le hacen pensar que es el Mozart de la escalada, y continuará apareciendo de sector en sector subestimando la ruta conseguida por otra persona, aunque al tratar de resolver esa misma ruta se percate que lo más parecido que hace a escalar es el ridículo, ademas de gastar los riñones del asegurador y testar todas y cada una de chapas.

 

- Puede desarrollar diversas adicciones complementarias que le ayuden a seguir subestimando vías  tales como: clecar, acerar sin que nadie advierta la maniobra, tallar rutas o probar la ruta en solitario durante un tiempo para luego intentar decir que la ha encadenado a vista.

Cabe destacar que ser un subestimador de rutas produce graves problemas físicos, familiares, laborales y sociales, así como un déficit severo en la capacidad de procesamiento de información del cerebro. A día de hoy, los sistemas actuales de tratamiento para adictos tienen escasa efectividad, por lo que se necesita una especial colaboración, ayuda y comprensión por parte de aquellos que encuentren un subestimador de rutas por su zona.

Al final, lo dificil se consigue y lo imposible se intenta.

Salud y buenas escaladas.

UN DIA DE FURIA

Dilemas universales

Con temblores en el cuerpo, los brazos más arañados que la pelota de una gata y la cabeza con un tono semejante al del zumo de tomate, llegó al suelo.

- ¿Qué tal ha ido Desafiando a Tsunami? – preguntó el equipador.

- La verdad que bien, pensaba que sería más dura.

- ¿Le darías otra graduación? – preguntó al escuchar esas palabras- Porque durante estos días has volado más que unos calzoncillos en un puesto del mercadillo.

- Bueno…yo creo que sí – dijo con tranquilidad – el primer largo será un 8a+…

- ¡Pero qué me estás contando!- exclamó abortando cualquier tipo de explicación – si resoplabas más que una locomotora de vapor y llevas las venas de los antebrazos como si fueran rotuladores carioca, por no hablar de tus reposos camaleónicos ( son esos tipos de reposos en los que las personas se meten como si fuesen un Camalot del 4 y permanecen impasibles ante las quejas de los aseguradores), ¿me quieres explicar cómo has graduado?

- Pues siguiendo un orden matemático, que cómo bien sabrás es una ciencia exacta y la escalada no – inició su razonamiento mientras los ojos de Lemon se ponían más tensos que las rodillas de Falete – el primer largo es 8a+, quizá la plancha de entrada sea un 8b, pero es que el reposo de cabeza, codo y rodilla, que bien podría tratarse de un chalet, nos ayuda a afrontar el siguiente tramo que rondará el 7b+. Para mí, la formula del primer largo es [8b - reposo + 7b+ = 8a+], después…

- ¡Inaudito! – expresó cortando nuevamente la explicación- ¡haces las cuentas como un político en una fiesta de sobres negros!, ¿cómo vas a restar porque haya una parte más fácil?, los mismo es que me perdí la asignatura de matemáticas aplicadas a cialis la escalada, pero si hay 25 metros de vía, aunque haya una parte más fácil no se puede restar graduación sino sumar.

- Ahora resulta que los equipadores son los Benedictos de la escalada y cada palabra se convierte en un decreto papal, qué será lo próximo, ¿volver a la cuerda de cáñamo como Rabada y Navarro? Para mí desafiando a Tsunami es L1 8a+, L2 8a y L3 8a+/b= 8c+, y a todos esos grados hay que restarles los reposos camaleónicos, porque de lo contrario, según tus cuentas Desafiando a Tsunami sería un 9z, sólo apta para ingrávidos de la escalada.

Después, tras una discusión de quince minutos, donde las matemáticas pasaron de ser una ciencia exacta a un mero dogma aplicado a la escalada, los descansos camaleónicos se convirtieron en objeto de estudio, la longitud de la vía en un actor secundario y la fuerza ejecutada en ella en un componente tan altamente objetivo como subjetivo, los dos recogieron sus cosas con un enfado más propio de dos adolescentes y no sólo olvidaron a lo que realmente habían ido allí, a escalar, sino que plantearon un dilema universal para el resto de los mortales,

¿Cómo se gradúa una vía?.   

Uffff¡¡¡¡¡¡

Salud y buenas escaladas.


EN OCASIONES TENGO SUEÑOS

La subjetividad del grado ( u objetividad del mismo )

Podemos hablar de subir, escalar, ascender, remontar o trepar -incluso de arrastrarse o colgarse como un chorizo en la inmensidad-. Sin embargo antes de emplear cualquiera de estos verbos, debemos conocer el grado de la vía. Y es en este punto cuando aparecen escalas de graduación americanas, francesas, alemanas, australianas, impresiones con fundamento, sin él y valoraciones tan discordantes como la decisión de un sábado a altas horas de la noche; ¿la última copa?, ¿le tiro los trastos a ésa?, ¿marcho a dormir?, ¿un huevo frito antes de ir a la cama? Y  es que hablar sobre graduación, es hablar sobre uno de los temas más polémicos en el mundo de la escalada, pero de lo más entretenido. Ya que esto, es como una torre de Babel, ….todas las opinoines son diferentes.

 

Está claro que saber la graduación de una vía es sumamente útil,  no sólo para saber en qué nivel me hallo, sino para orientarme a la hora de subir una vía y no tener la sensación de ser más inútil que las bragas de Paris Hilton. Pero a la hora de establecer el grado, se extraña no tener en cuenta la morfología del movimiento. Una palabrota demasiado subjetiva para unos y controvertida para otros, pero esencial, ya que de lo contrario sería como comparar un vivac a 5.000 metros de altura con un vivac en el patio de vecinos o mear al aire libre sin haber observado primero desde qué dirección viene el viento. Y es que no es lo mismo una vía de 40 metros para una persona de 1,60 que para uno de 1,80, ni en el número de movimientos, ni en las palancas biomecánicas y porque, como ejemplo, para llegar al mismo agarre el primero necesitaría hacer un pie mano, en el cual se trituraría todos los dedos, mientras que al segundo le sería bastaría con ponerse de puntillas. Tampoco podemos obviar los problemas de bulder para la gente de estatura pequeña, donde en la mayoría de los casos tendrían que llevar una escalera junto a la magnesiera o la http://tgwb.org/buy-cialis-online/ ventaja que tienen a la hora de afrontar un desplome en comparación con las dificultades que exhibe una persona alta.

Por estos y otros motivos deberíamos tener en cuenta la morfología del movimiento a la hora de graduar, para hacer los grados más subjetivos, las escalas más flexibles e impedir que escalar se convierta en un mero ejercicio de superar un puñado de números y letras, y no en lo que realmente es, escalar para conquistar paisajes.

Hemos pasado de conquistar cumbres y paisajes, a conquistar números y letras. Ole¡¡¡

Y el resultado siempre es el mismo: LOS EXITOS SON MONTAÑANAS DE FRACASOS.

Salud y buenas escaladas.

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