en Roca

Es una vía para jóvenes

Nos encontramos de manera casual, como dos viejos amigos que cruzan sus vidas tras más de diez años en el exilio. Desde fuera Noa se veía imperiosa, tanto que a cada una de mis miradas le sobrevenía la misma sensación de ser alguien diminuto, como un cirro colgado en la inmensidad del cielo, entre sus más de cincuenta metros. Una vez dentro, y con cada paso arrebatado a la gravedad, ya no había ocasión para los subterfugios ni para las dudas; porque mi pecho estaba herido de muerte por el magnetismo de su línea.

Y comenzamos a quedar, sin importar que dijera el tiempo sobre el sol o la lluvia, para hacer del arte de escalar un lucha de gigantes, donde quemarte la piel más que una opción fuese un acto obligado. Dando rienda suelta a la motivación y a la frustración, uniéndolas como día y noche y haciendo que subiesen y bajasen al igual que su propio techo; convencido que era factible convertir lo imposible en posible; o al menos había que intentarlo mil veces antes de afirmar que era inviable. Se convirtió en musa, como gota de lluvia para río, e hizo estallar en mí toda su esencia con cada movimiento conducido al límite y con cada bocanada de aire exigida al alcanzar sus reposos. Me enseñó a relativizar los segundos y a exprimirlos en cada uno de sus agarres. A dar lo mejor de mí mismo y acompañarlo con un puñado de pasión para poder desentrañar todos sus misterios.

En mi camino hacia su propio cenit, escavó mis adentros con sigilo y templanza, como el que sigue una a una las olas del mar, para sumergirme en un estado de felicidad infatigable al alcanzar su final, un estado donde pensar en cualquier otra cosa que no fuera en ella se convertía en un acto baladí.

Antes de abandonar la miré por última vez y me susurró las palabras de Kurt Diemberger “las montañas se suben dos veces. Una con el piolet y otra con la pluma.”

Salud y buenas escaladas ….!!!!